martes, 20 de agosto de 2013

Cuadernillo sobre partidos políticos

Chicos, acá les dejo la segunda entrega de la unidad III, centrada en los partidos políticos. Acuérdense de llevar el material para la próxima clase. Saludos


Nace la democracia representativa, nacen los partidos

Los partidos políticos son relativamente jóvenes. Son tan jóvenes como la democracia representativa, que tiene un poco más de doscientos años, y en algunos lugares, mucho menos. Los partidos aparecieron en aquellos países que adoptaron la forma de gobierno representativa, durante la primera mitad del siglo XIX.
Algunos países de Europa, como Inglaterra y Francia, y los Estados Unidos protagonizaron intensos debates acerca de cómo organizar sus sistemas políticos. La idea que predominó fue la de organizar democracias representativas, en las que el pueblo participara en política por medio de representantes que, una vez elegidos, tomarían decisiones en nombre de todos.
De este modo, el sufragio se convirtió en el elemento fundamental de la democracia representativa. Pero ¿quiénes podían votar?, ¿quiénes constituían el pueblo? Por aquella época, el objetivo fue ampliar las posibilidades de participación o suficiente como para que las prácticas políticas y los gobiernos elegidos fueran aceptados por la sociedad. Pero no se quería extender la participación a todos los sectores sociales y, al mismo tiempo, se establecieron controles a esa participación política. En este contexto, los partidos políticos comenzaron a cumplir funciones muy importantes, ya que serían los intermediarios entre los gobernantes y los gobernados, entre el pueblo y sus representantes.

¿Qué son los partidos políticos?

Los partidos políticos son asociaciones u organizaciones que tienen como objetivo principal ganar elecciones para que sus candidatos lleguen a ocupar el poder político, es decir, consigan formar parte del gobierno. El origen de la palabra “partido” nos da una pista para comprender su significado y su sentido en el mundo de hoy. El término “partido” proviene del latín, del verbo partire, que significa dividir separar. Hace referencia a la idea de parte: cada partido representa una parte de ese todo mayor que es la sociedad. Los partidos representan los distintos sectores de la sociedad, cada uno con sus intereses, ideas y necesidades. Por esto es habitual (y es bueno) que encontremos más de un partido en un mismo país.
Si bien los partidos políticos cambiaron mucho desde el momento en que aparecieron por primera vez, algunas de sus funciones se mantienen estables. Veamos cuáles son las principales tareas que desempeñan los partidos políticos.
- Transmiten demandas. Son intermediarios entre la sociedad y el gobierno. Esto quiere decir que son los encargados de transmitir las necesidades y las demandas de la sociedad a los gobernantes. Además, deben organizar esas demandas, agruparlas, darles forma y transformarlas en proyectos políticos.
- Participan en las instituciones políticas del Estado.
Proveen al gobierno de funcionarios y dirigentes que ocupan cargos y se encargan de tomar decisiones que afectan al conjunto de la sociedad.

Breve historia de los partidos

La historia de los partidos políticos está muy relacionada con la conquista de los derechos políticos por parte de los distintos sectores de las sociedades y también con la vigencia de los derechos sociales y colectivos.
La primera etapa de esa historia tiene que ver con el período de expansión del derecho al voto, es decir, con la ampliación del sufragio. En 1832 se produjo, en Inglaterra, un acontecimiento de gran importancia: se reformó el sistema político a través de una ley denominada Reform Act (Acta de Reforma), que amplió la participación política y otorgó el derecho a votar a los sectores medios (comerciantes e industriales) que hasta ese momento estaban excluidos. Aunque esta reforma mantuvo una participación todavía muy restringida, ya que quedaban afuera todas las mujeres y los varones trabajadores de la industria y del campo, fue un avance importante.

Los partidos de notables

Los primeros partidos surgieron, en la misma época en que se dictó el Acta de Reforma, en Inglaterra. Se limitaban a actuar dentro del Parlamento (por eso también se los denomina “partidos parlamentarios”), donde armaban los programas electorales y decidían quiénes serían los candidatos. Sus integrantes eran las personas “notables” de la sociedad, las más reconocidas de las clases pudientes. En los períodos electorales; se entablaba una relación muy personal entre ciudadanos y candidatos, pero en cuanto asumían sus funciones en el Parlamento, estos representantes prácticamente perdían el vínculo con sus electores. Esto significa que no había una organización partidaria que los sostuviera ni les exigiera mantener una postura determinada.

Los partidos de masas

Este tipo de partidos refleja los cambios políticos, económicos y sociales que existieron a fines del siglo XIX. Desde varias décadas atrás, los trabajadores (que vivían en malas condiciones y estaban marginados de la participación) habían comenzado a organizarse y a luchar por sus derechos laborales y políticos.
En los últimos años del siglo XIX y en los primeros del siguiente, las elites políticas comprendieron que una manera de reducir el conflicto con los trabajadores era permitirles la participación por medio del voto y, por eso, reconocieron el voto universal masculino. Una parte considerable de los trabajadores vio en el voto una oportunidad para el cambio social. Así, se agruparon y dieron origen a estas grandes organizaciones políticas, en muchos casos fuertemente vinculadas con otras organizaciones obreras, como los sindicatos. Estos partidos asumieron características totalmente distintas a las de los partidos de notables.
- Tenían un grupo amplio y homogéneo de seguidores (las “masas obreras”).
- Se organizaron en una estructura estable que permanecía activa más allá de los períodos electorales. Para ello, hubo personas que se dedicaron a trabajar en forma permanente para el partido.
- Asumieron una ideología determinada (en los primeros casos, asociada al pensamiento socialista), defendieron sus ideas y elaboraron programas políticos.
- Compitieron en campañas electorales, organizaban propagandas y actos para difundir sus ideas.
- Realizaron otras actividades sociales, como alfabetización y capacitación en oficios, programas de atención de la salud para los obreros y sus familias.
- Se fueron convirtiendo en partidos de alcance nacional y también internacional.

Los partidos electorales

Los partidos de masas predominaron durante la mayor parte del siglo XX, pero, durante las últimas dos décadas, sufrieron transformaciones tan importantes que hoy la mayoría de ellos se encuadran en un nuevo modelo organizativo:
los “partidos electorales’ ¿Qué significa esto? Si bien se trata de los mismos partidos, en algunos casos, y en otros, de nuevos partidos que fueron surgiendo recientemente, lo que se modificó fue su forma de organización, la relación con los votantes, los objetivos y las modalidades de campaña electoral. Vamos a describir estos cambios.
- A raíz de las transformaciones en la dinámica social, los partidos ahora no se identifican claramente con un único sector social (clase alta, clase media, trabajadores, sectores rurales, etcétera).
- El objetivo ya no es representar los intereses de un sector social en particular sino captar la atención (y el voto) de la mayor cantidad de grupos y personas. A esto se debe la denominación de “partidos electorales” o “atrapatodo”.
- Para atraer a los electores de diferentes sectores e intereses, ofrecen discursos muy amplios y arman estrategias que les garanticen un buen resultado electoral. Por eso, sus proyectos son más difusos y cambiantes y tienden a parecerse entre sí.
- Los medios de comunicación son una herramienta fundamental para concretar el interés de los partidos políticos de llegar a un público masivo. En esta “sociedad” con los medios, los partidos toman características mediáticas: se vuelven importantes la imagen, la apariencia de los candidatos y la eficacia de los anuncios publicitarios.
- Los votantes no son fieles, pueden cambiar su voto en cada elección.

Los primeros partidos políticos argentinos

El tránsito del partido de notables al partido de masas y la transformación de este en partido electoral también pueden observarse en el caso argentino. A continuación, revisaremos algunos hitos importantes de la historia de los partidos políticos argentinos para analizar en qué medida adoptaron esos modelos y qué ocurre en la actualidad.

Los partidos oligárquicos

Para comenzar este recorrido, vamos a remontarnos al año 1853, cuando se sancionó la Constitución Nacional, que estableció la democracia representativa como forma de gobierno. De ese modo, quedó instituido el voto como medio para seleccionar los gobernantes. Los primeros partidos del período constitucional se definieron en torno de una cuestión que dividía las aguas: ¿qué hacer con la ciudad de Buenos Aires? Las posiciones que se habían adoptado para resolver esto eran opuestas.
- Un grupo pensaba que la ciudad de Buenos Aires debía transformarse en Capital Federal y que su territorio no debía pertenecer a ninguna provincia sino a todo el país. Formaron el Partido Nacional, liderado por el general Mitre.
- Otro grupo sostenía que la ciudad de Buenos Aires debía continuar siendo parte de la provincia de Buenos Aires. Integraron el Partido Autonomista, conducido por Adolfo Alsina.
En 1880, la ciudad de Buenos Aires se convirtió en Capital Federal y julio A. Roca asumió como presidente de la Nación. Roca y sus sucesores se apoyaron en el Partido Autonomista Nacional (PAN), que surgió como resultado de acuerdos entre los grupos de gobernantes de las provincias. Hasta 1916 este partido dominó la vida política y ganó todas las elecciones nacionales gracias al fraude. El PAN reflejó las ideas de los sectores más conservadores de la sociedad. Su hegemonía coincidió con un régimen oligárquico en el que solo una minoría tenía derecho al voto y eran muy pocas las personas con posibilidades reales de ejercer el poder.

La Unión Cívica Radical

En 1889 se creó un nuevo partido político, la Unión Cívica. Sus principales metas fueron la denuncia del fraude y la lucha por democratizar la política buscando incluir a mayor cantidad de personas en los procesos políticos y electorales. En 1891, a Unión Cívica se dividió y una fracción del partido, liderada por Leandro N. Alem, pasó a ser la Unión Cívica Radical (UCR).
La UCR nació como un partido revolucionario porque pretendía cambiar de raíz la política argentina. Durante unos veinte años se negó a participar en las elecciones por considerarlas fraudulentas, hasta que en 1912 se sancionó la Ley Sáenz Peña, que proclamó el voto universal masculino, secreto y obligatorio. A partir de ese momento, el partido estuvo dispuesto a competir. En las elecciones presidenciales de 1916, Hipólito Yrigoyen, líder de la UCR, resultó electo presidente de la Nación. El radicalismo logró triunfar en las siguientes elecciones y, así, ocupó la presidencia hasta 1930.

El Partido Socialista

Al mismo tiempo que nacía y se consolidaba la UCR, hubo otros cambios políticos en nuestro país. Con los inmigrantes (entre 1870 y 1914 llegaron más de 6 millones de personas, de las cuales la mitad se quedó a vivir en el país) también arribaron ideas políticas novedosas provenientes de Europa, en especial, de la mano de socialistas y anarquistas. La actividad política que desarrollaron en sus lugares de trabajo —como el puerto, talleres y fábricas— fueron las primeras expresiones del movimiento obrero en la Argentina. Los socialistas fundaron el Partido Socialista en 1896 y su principal referente, Juan B. Justo, fue diputado en 1904.

El Partido Justicialista

En 1930, un golpe de Estado derrocó a Hipólito Yrigoyen de su segunda presidencia, desplazó al radicalismo del gobierno e impuso un nuevo régimen oligárquico, que utilizó el fraude para limitar la participación popular y asegurar su permanencia en el poder. En el año 1943, un grupo de militares que se oponía a este régimen oligárquico, dio un nuevo golpe. Uno de los líderes que impulsó el golpe del 43 fue el general Juan Domingo Perón.

La elección de Perón como presidente

Perón se convirtió en un dirigente muy representativo para los sectores populares. Esto despertó la desconfianza de un grupo de militares que, en octubre de 1945, intentó apartarlo de la política y lo encarceló. La reacción fue inmediata: el 17 de octubre se reunió una multitud en la Plaza de Mayo para exigir su liberación. Finalmente, Perón fue liberado y conducido a la Casa Rosada. Desde el balcón se dirigió al pueblo que lo proclamó como líder. Este episodio ejerció una fuerte presión sobre el gobierno militar, que se vio forzado a llamar a elecciones en febrero de 1946. Perón se presentó a esas elecciones, y con el apoyo de una fracción desprendida de la UCR —la junta Renovadora—, y junto al Partido Laborista —un partido recién creado por los sindicatos de la CGT—, resultó electo con algo más del 50% de los votos.
El nuevo presidente buscó su base de apoyo político en los trabajadores, con quienes se comprometió a mejorar su situación económica y también se ocupó de que los sectores más postergados de la sociedad tuvieran la posibilidad de participar en la política. Su esposa, Eva Duarte, impulsó el voto femenino y logró que, en 1947, el Congreso aprobara la ley que lo reconoció en iguales condiciones que el voto masculino. Perón y su esposa instauraron en la Argentina una nueva forma de participar en política. En este período, el pueblo se expresaba no solo votando periódicamente sino también con manifestaciones públicas, en particular en la Plaza de Mayo, y a través de la actividad sindical. Los adherentes al Partido Justicialista sentían una identificación muy intensa con Perón y con sus propuestas políticas.

El Partido

Perón creó el Partido Peronista, que después se convirtió en Partido Justicialista (Pj). Este nombre hace referencia a uno de los tres pilares de la doctrina partidaria: justicia social, independencia económica y soberanía política de la Argentina frente a cualquier imposición extranjera. Existe formalmente desde diciembre de 1947, fecha en que se aprobó su carta orgánica.
El justicialismo, sin embargo, excedió la organización partidaria. No se trataba solo de competir para lograr votos, sino que se instaló casi como una forma de vida para los seguidores; sus ideas y símbolos estuvieron presentes en el trabajo, en la escuela y en la vida familiar.

Peronismo y antiperonismo

En 1952, Perón fue reelecto, pero no pudo completar su mandato porque, en 1955, fue destituido por un golpe militar. Su relación con algunos sectores de las Fuerzas Armadas, con la Iglesia y con algunos grupos sociales (en particular, los vinculados a la agroexportación) se había deteriorado profundamente. En cambio, una porción importante de la sociedad continuaba apoyándolo. Así, la sociedad argentina quedó dividida: de un lado, los seguidores de Perón, con fuerte presencia de los sectores populares y de la clase media baja, y, del otro, los antiperonistas, que manifestaban un gran resentimiento hacia la figura de Perón.
Después del golpe de 1955, Perón se exilió y el Partido Justicialista fue proscripto (es decir, se le prohibió participar en las elecciones y en toda actividad política oficial). Sin embargo, desde el exilio siguió manteniendo contactos con el sindicalismo y con el movimiento político que había creado. Durante este período se sucedieron gobiernos civiles (elegidos por el voto, pero siempre con la proscripción del peronismo) y militares. La movilización política fue en aumento y, durante la segunda mitad de la década de 1960, se sumó la actividad de grupos que optaron por la lucha armada. Frente a esta efervescencia, el gobierno militar decidió pactar una transición y convocar a elecciones con la participación del justicialismo pero no de Perón. El PJ resultó triunfante y Cámpora, el presidente electo, renunció y convocó a nuevas elecciones para dar paso al viejo líder. La fórmula Juan D. Perón-María Estela Martínez de Perón (Isabelita) obtuvo casi el 62% de los votos.
Al año siguiente, Perón murió y su esposa asumió la Presidencia en un contexto de profundo enfrentamiento y de creciente violencia, ya no solo con el antiperonismo sino también entre sectores opuestos del propio peronismo.
El desorden, la crisis económica y la violencia política fueron factores que produjeron malestar en algunos sectores de la sociedad, decididos a apoyar un nuevo golpe militar, que se concretó el 24 de marzo de 1976. La dictadura que se instauró inició una persecución contra todos los que se oponían e impuso el terror. Empezaron a desaparecer personas y ya no había dudas de que la ausencia de democracia era total.

La vuelta a la democracia

En 1983 se convocó a elecciones democráticas. El entusiasmo por participar y expresar las ideas políticas con libertad fue una oportunidad para que muchos partidos hicieran sus propuestas y presentaran candidatos. Sin embargo, el PJ y la UCR eran los únicos con posibilidades reales de triunfar en la elección presidencial. Por eso, el sistema político argentino se consideraba un bipartidismo.
La fórmula radical compuesta por Raúl Alfonsín y Víctor Martínez resultó ganadora.

La crisis de representación

El bipartidismo se mantuvo como característica de nuestro sistema de partidos en 1989, porque las fórmulas de la UCR y del Pj eran las únicas con posibilidades de ganar. Esta vez, el triunfo le correspondió a Carlos Menem (Pj).
La década de 1990 fue una etapa de transformaciones a nivel mundial y también para la Argentina. En nuestro país, además, esos cambios repercutieron en el sistema de partidos y en las formas de hacer política.
Las nuevas tecnologías y la globalización económica influyeron en las comunicaciones, en el sistema productivo y también en la sociedad. Influyó en esos años el pensamiento neoliberal, que impuso una mirada desconfiada hacia lo público y la política, y exaltó la economía y el espacio privado como los ámbitos donde mejor podían desarrollarse las aspiraciones de los individuos.
La política también se vio alterada porque comenzaron a denunciarse cada vez más prácticas corruptas y de clientelismo, que aumentaron la desconfianza de la ciudadanía hacia los partidos políticos.
En este contexto, los partidos políticos no consiguieron la identificación de la ciudadanía como lo habían hecho durante gran parte del siglo XX. Así, la representación se hizo mucho más difícil y comenzó a circular una pregunta relacionada con las funciones básicas de los partidos políticos:
¿Son los partidos capaces de transmitir las demandas y las necesidades de la sociedad?

Del bipartidismo al pluripartidismo

Ya en 1993, algunos dirigentes del Pj comenzaron a hacerse la misma pregunta que la ciudadanía porque consideraban que el partido en el gobierno estaba cada vez más distante de las necesidades de la gente. Su desacuerdo con las medidas que tomaba el presidente Menem y con la forma de manejar las relaciones internas del partido, determinaron que un grupo tomara distancia y organizara una nueva agrupación política integrada también por seguidores de la Democracia Cristiana y agrupaciones de izquierda: el Frente Grande.
Este hecho fue muy importante porque marcó una tendencia que luego se fue consolidando: las fracturas de los partidos tradicionales, el armado de alianzas y acuerdos y la aparición de agrupaciones que buscaban establecer nuevas formas de hacer política. Estas nuevas agrupaciones intentaron mostrarse como alternativas para los ciudadanos que no se sentían representados por los partidos tradicionales.
De ese modo, surgieron y se organizaron varios partidos que pronto cobraron fuerza. Un claro ejemplo es el del Frente Grande, que incorporó a sus filas más dirigentes y partidos pequeños y se transformó en el Frepaso. Se presentó en las elecciones presidenciales de 1995 y obtuvo un excelente resultado: 30% de los votos. Si bien perdió frente a Menem (que fue reelecto), quedó demostrada la fuerza de esta agrupación. Al mismo tiempo, quedó en evidencia que el sistema de partidos argentino ya no se componía solo de los dos partidos tradicionales sino que había otros grupos que participaban con gran apoyo de la ciudadanía. Nuestro sistema de partidos se estaba transformando en lo que los especialistas llaman pluripartidismo.

Los cambios que trajo la crisis del 2001

Como explicamos antes, durante las últimas décadas del siglo XX, los partidos de masas han ido adoptando formas de organización y objetivos que los convirtieron en partidos electorales o partidos “atrapatodo’ Además, se formaron alianzas y, al mismo tiempo, desprendimientos de los partidos tradicionales.
Un ejemplo de estos procesos es la formación de la Alianza (Alianza por el Trabajo, la Educación y la justicia). Este frente político se creó a partir de un acuerdo entre el Frepaso, la UCR y otros partidos menores, que tenía un propósito claramente electoral: armar una fórmula que atrajera el voto de los seguidores de estas fuerzas y también del electorado independiente. El objetivo era plantear una alternativa capaz de desafiarle el poder al Pj, que había ocupado el gobierno por dos períodos. En 1999, la Alianza ganó las elecciones y Fernando de la Rúa (UCR) fue proclamado presidente de la Argentina, y Carlos “Chacho” Álvarez (Frepaso), vicepresidente.
¿Es posible sostener una alianza que nació como una estrategia electoral? La historia demuestra que, en cualquier país del mundo, cuando varias fuerzas políticas se unen sin tener puntos fuertes de acuerdo más allá del deseo de ganar una elección, no es tan fácil perdurar en el tiempo. La propuesta política que la Alianza construyó, y en torno de la cual armaron su campaña, tuvo como eje la lucha contra la corrupción y el propósito de crear “una nueva política’ ¿Qué ocurrió? Poco tiempo después de haber llegado al gobierno, se desató un escándalo por denuncias de corrupción en el Senado. Algunos de los propios senadores y funcionarios del Congreso sostenían que se les había pagado a algunos senadores para que votaran a favor de una ley de empleo que precarizaba aun más las condiciones de trabajo. Carlos Álvarez, que ejercía la presidencia del Senado, manifestó su intención de investigar los hechos, pero no encontró el apoyo del presidente De la Rúa. Con este episodio se diluyó el nexo que, desde el discurso, mantenía unida a la Alianza. Ante las acusaciones de corrupción, autoritarismo e ineficiencia y la falta de voluntad de aclarar la situación, Álvarez renunció a su cargo.
La Alianza, muy debilitada, no pudo controlar la crisis económica y el descontento provocado por las medidas de diciembre de 2001 (rebaja de salarios de empleados públicos y de jubilaciones, confiscación de depósitos bancarios) apuraron la renuncia del presidente De la Rúa. La gente salió a cortar calles o a protestar con sus cacerolas con la consigna “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. El desprestigio de los partidos políticos era absoluto.
El Pj, también fracturado, volvió al gobierno. Durante los años siguientes, surgieron algunas otras experiencias políticas que buscaban, desde la oposición, renovar la política. Tal es el caso del ARI, liderado por Elisa Carrió, que luego pasó a integrar la Coalición Cívica, o del PRO, en la actualidad al frente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
 

Los partidos políticos en crisis

En la actualidad, los partidos políticos están muy cuestionados. Se los acusa de confundir sus intereses particulares con los del conjunto, de actuar solo para beneficio personal de los dirigentes o de fomentar el enfrentamiento entre diferentes sectores sociales.
Los partidos políticos y los gobernantes tienen dificultades para representar, pero también debemos decir que la sociedad —cada vez más desigual y cada vez más heterogénea— es muy difícil de representar. Las necesidades de los diferentes sectores sociales son diversas y a veces contrapuestas, y, además, la participación es muy baja. El problema es que la política en conjunto genera mucha desconfianza entre la ciudadanía.
Resumiendo, la democracia representativa, los partidos políticos y la representación política se encuentran ante el desafío de trabajar en un contexto donde:
- Se cree que la política no es una actividad transparente, y que muchos de los que se dedican a ella no son honestos.
- Hay una sensación de desilusión, porque los representantes no logran reflejar las exigencias de los representados ni dar respuesta a muchos de sus problemas.
- No toda la información sobre los temas políticos es confiable.
- La comunicación entre los representantes y los representados es muy escasa. 

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